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Gualeguaychú, Entre Ríos

Somos el sonido de la selva que aúlla afuera de esta casa de campaña, la herida a carne viva en medio de la cara de esta bella mujer conocida como Naturaleza. Exploradores de nacimiento y curiosos de profesión; animales al fin, junto a los grillos y otras criaturas que aúllan en la intemperie bajo un puñado de estrellas.

Acampamos en medio de la nada en un lugar que se llama Fiorini, adentro de la maleza a un costado del río que divide dos patrias; Uruguay y Argentina. Este extenso río corre por su vida y refugia lo que le queda de la última falda de su manto acuoso. Los sabios del pueblo dicen que este, antes un caudaloso río, se va quedando sin fuerzas ni lugar para escapar. El hombre que no respeta lo que Dios hizo, es el culpable de este lento asesinato del que nadie quiere hacerse responsable.

Los dedos apuntan hacia el monstruoso culpable: Botnia, una papelera uruguaya. La papelera del infierno ya no deja nadar a los peces, el agua se estanca y el progreso se torna un sueño que estas lejanas tierras no conocerán, así como tampoco los niños del futuro que ya no sabrán donde está la línea que los separa. Humanos llenos de ira, de rencor, de inconformidades… humanos que ya no saben ser libres porque el fresco olor de las madrugadas ha desaparecido y ahora sólo lo venden en aromáticos aerosoles.

No podemos creer como hemos decido acabarnos el mundo, descuartizar todo lo que queda a nuestro paso para que la civilización prevalezca. Pagaremos el precio de esta inconciencia en unos años, por lo pronto corremos entre la grama y las flores silvestres, jugamos a tener de nuevo seis años para ver lo que aún merece importancia.

Somos los únicos forasteros que rondan este camping, los únicos que han visto en años. El Flaco se ha encargado de que no pasemos hambres, ni incomodidades, en este lugar que es parecido al cielo no necesitamos nada.

Los días transcurren en medio de una tranquilidad absoluta, nos hemos ido desintegreando para ser de nuevo polvo. Bailamos entre risas y canticos en medio del carnaval, antifaces, plumas, máscaras… que se manche lo natural, pero que eso no entorpezca la alegría. Vemos de nuevo la luna y mutamos en hombres lobo, dejamos nuestra vieja piel sobre las rocas del río y conjuramos el presente para que la magia prevalezca sobre esta masacre.

Nos vamos porque a nuestro camino le falta mucho para llegar al fin del mundo. Me despido con un beso al aire de nuestros nuevos amigos, más animales que humanos retomamos el camino. Queremos recordar nuestro primer campamento juntos con minucioso detalle antes que la mano del hombre llegue a la selva y aniquile todo por lo que vale la pena vivir un nuevo día.
Amelia cuidando el campamento

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