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Gran Aventura

El calor es agonizante. La humedad hace pesada la ropa, lo material, lo innecesario. Las chanclas le reniegan a Diego para que se las quite, el dolor que le han causado es inaguantable. Hemos caminado entre las profundidades de la selva unas cuatro horas siguiendo el sonido del agua que corre por este lugar que no fue hecho para ser habitado por el hombre.

Nos alejamos con destreza de las multitudes, todos intentando robarse un poco del paraíso, cunado algo así de majestuoso sólo puede absorberte. Uno de los guardias nos indica por donde bajar para ver lo que otros no se atreven porque no es parte del camino. Bajamos por un sendero casi oculto por la maleza donde las cigarras cantan.

La brisa golpea de forma sutil nuestros rostros, carisias divinas que vienen del cielo, besos de la naturaleza que aguarda en silencio para que los otros no la descubran. Ya no sabemos para donde mirar porque con cada paso el paisaje se vuelve más increíble…

Cada paso que doy trae consigo viejas memorias, ilusiones atesoradas en un baúl donde guardo mis sueños, la alegría de estar aquí después de 10 con nuevas metas, con una perspectiva distinta que me ha regalado la edad. Miro a Diego perderse entre la inmensidad de este lugar que no conoce el infinito, él se encargará de retratar este momento que es de nosotros.

Las rocas y la vegetación cambian a medida que nos acercamos al río. Un pequeño muelle nos espera con los chalecos salvavidas para subir al bote. Tengo algo de miedo, tomo su mano y la emoción se incrementa, estamos a unos segundo de acércanos a las cataratas.

No hay grandes instrucciones, lo único que se te pide es que lo disfrutes. El río es caudaloso e imponente. Cada salto que da la lancha, hace que nos baña el río con sus aguas y se me derritan los nervios. No tengo palabras para describir lo que siento, sólo dejo que el río nos lleve para sentir su furia, su belleza, su frescura.

Las cataratas nos empapan, nos bautizan con sus aguas y con ello cerramos nuestro pacto con este mágico lugar. Nos hemos enamorado, nos hemos vuelto locos, nos hemos bañado en estas aguas que traen consigo los secretos de la humanidad que no las comprende.

Seguimos… el río nos lleva entre sus aguas al caer el sol. Las islas vírgenes que se crean con los manglares son tierras prohibidas para nosotros. Las aves salen a saludar a los forasteros que abandonarán su hogar; ahora es su turno de disfrutar de este momento. Las piedras dejan ir su amargura y nos revelan sus sentimientos, pintan el agua y buscan nuevos sitios donde puedan comenzar de nuevo.

Bello, hermoso, inexplicable, mítico, maravilloso… aún las escucho caer, espero no olvidar… eso haría que esta memoria muriera y nosotros con ella.
Iguazu

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