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Un buen Vino

No es que yo busque celebrar algo redundante; lo feliz que he sido, lo que los demás pueden ver en mis ojos… es que simplemente sabe bien el vino que escurre de tus labios. Me han hecho bien las desventuras, los fracasos, los golpes que da la vida y a veces los malos hombres para que comprenda el amor. Me arrepiento en silencio de haber soportado gañanerías, pero en el fondo es culpa de mi impaciencia, de haberla tenido sería como un buen vino que solito se añeja con los años.

Los viñedos se pintan con cada paso; con cada caricia que el viento deja olvidada junto a los rosales donde se pinche mi desilusión y mis desamores. Con sus caminos derechitos entre los surcos que hizo el hombre al separar la tierra de las bestias; un lugar donde no se marchita la vida, donde puede ser que nazca entre los viñedos mientras jugamos a las escondidas.

Me pierdo al cerrar los ojos, desaparezco porque en ese instante ya no existimos; nos quedamos sin sentido y sólo celebro el reencuentro que culmina con una caricia tuya. Tomo la bicicleta que expuesta contra el muro me nuestra tus intenciones; le hablo con voz baja para que no notes que le cuento tus secretos.

Intento dirigirla, pero eso no tiene sentido porque no se donde esta el norte; de donde vienen las buenas uvas que no saben igual que las que antes comí; hasta para eso se necesita ser un poco más elegante.

Se descorchan las emociones; las risas que se guardan por años en las cavas para que nadie las escuches. Brotan las lágrimas que lloran al morir los frutos secos que hoy le dan el sabor amargo que tanto disfruto. Los aromas cantan dentro de las copas y me despiden de la tarde que ya no veré por estar esperando el bus. Hay bus… llévame lejos; al norte, a la frontera…

Cierro los ojos, sabes aún a él; al tinto que con tus besos se sella en mi memoria para que no te olvide.

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