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Dicen que quieren ir a Copacabana

El despertador comienza a sonar a las 7am, pero ninguno de los dos puede abrir los ojos o moverse para apagarlo. El despertador otra vez, 15 minutos de paz es todo lo que nos da, cruel aparatejo es todo lo que diré.

7:30. Ya es tarde, el barco a la Isla del Sol sale a las 8 y nosotros no hemos desayunado. Obviamente no nos bañamos, sólo nos ponemos lo primero que encontramos. Agarramos el último paquete de galletas y hacemos un gran esfuerzo por comernos al menos una sin vomitar. No lo tomen a mal, son ricas, es sólo que después de comer tres días seguidos lo mismo cualquiera se enferma.

Menos mal que el muelle no está muy lejos del hostal porque sólo quedan 10 minutos. Al llegar al muelle vemos que no hay nadie organizando los tours y que todos los turistas están intentando adivinar a cual embarcación subirse. Los lugareños no son de buen carácter y tampoco comunicativos, ellos se hablan en quechua entre ellos y dejan que el tiempo pase porque se ve que honestamente a ellos no les importa.

8 en punto. Nos hartamos de esperar, decidimos ir a preguntarle a alguien que debemos hacer. Un grupo de hombres con aspecto similar se encuentran reunidos cerca de una lancha rota. Nos armamos de valor para interrumpir su conversación, ya que ellos nos ignoran.

– Disculpe Señor, buenos días. ¿Sabe usted cual de todos estos barquitos va a la Isla del Sol?

El hombre nos observa confundido como si nunca hubiera visto un boleto. Lo peor es que en lugar de palabras sólo refunfuña.

– Gr, grrrr….

Ok. No entendemos nada. El se percata de eso y nos señala un barquito que está a medio Titicaca.

– ¡Allá, allá! Ese es Aventura

Ok. Está vez lo dijo en español. Ya entendimos que nuestra balsa es la pobre abandonada en medio del lago, pero nosotros no entendemos como le vamos hacer para subirnos.

El señor simplemente se voltea y no nos dice nada más, él continua su animada conversación con sus amigos.

Nadie parece estar haciendo nada para traer la balsa, ni si quiera soplarle fuerte para que se acerque. La gente se empieza a desesperar y decide organizarse en una fila sin importar la compañía que les vendió el boleto para ver si les da pena a los capitanes y hacen algo. El muelle es muy inestable. No es uno común y corriente, son un montón de pedazos reciclados de madera que están clavados unos sobre otros de forma poco estética. Es tan angosto que no nos caben los pies y si nos movemos abruptamente podríamos terminar en el agua.

8:15. Se presenta el supuesto capitán. El hombre no debe de tener más de 25 años y carece de profesionalismo. No tiene un gafete que diga de que compañía es y no es capaz de saludar a nadie. Somos los segundos en la fila y el hombre se nos acerca con cara de enojado.

– Su boleto por favor.

Le mostramos los tickets y el nos los arrebata de las manos. Los checa como diez veces, no lo entiendo, el boleto ni si quiera tiene tanta información.

– Espere unos minutos, ya en pronto salimos.

Sé que es una mentira porque ni tenemos barco al que subirnos, aparte ya son las 8:30. El tipo se pone a ver uno por uno los tickets de los de la fila, estoy segura que existen métodos de revisión más efectivos. Ejemplo, uno bastante arcaico es gritar el nombre de la compañía y el que tenga un boleto que diga eso que se quede y los demás que se vayan.

No es hasta las 9 am que conseguimos salir del muelle. Perdimos una gran cantidad de tiempo acomodando a la gente en la balsa porque el hombre insistía en sentar 3 personas por banco donde claramente sólo caben 2. ¡Una hora entera perdida! En fin, al menos ya vamos en camino.

Uno pensaría que en menos de 40 minutos estaríamos allí. Bueno, al menos si se tuviera un motor adecuado para la lancha con suficientes caballos de fuerza porque traemos 60 personas montadas aquí. Todas esas son inteligentes suposiciones, pero ninguna verídica. El motor es de 70 caballos de fuerza, masomenos lo que usa un wave runner, así que todas las tortugas y seres unicelulares del mundo nos pasan como si fueran rayos.

La lancha tenía un agujero gigante en el costado izquierdo por donde se mete el agua, una gotera proveniente del techo de la cubierta, ventanas pegadas con silicón para que no haya ventilación y para colmo ¡el olor más intenso a combustible quemado de todo el mundo!

Se nos informa que el tiempo estimado de viaje es de 2 horas. Eso significa que estaremos llegando alrededor de la 11am a la isla y no tendremos tiempo de recorrerla toda porque nos tenemos que regresar a las 3pm. El capitán se nos acerca.

– Disculpe, sus boletos

Se los entregamos.

– Ha, veo que compraron idea y vuelta. Pero me imagino que no les cobraron los 10 pesos por el traslado de un lado de la isla al otro. Y aparte nos tiene que pagar otros 10 pesos para bajar de bote.
– ¿Pero que está intentando decirnos? Si todo el boleto nos costó 20 pesos y eso mismo voy a pagar ahorita si quiero bajarme. En verdad es absurdo que nos hagan esto, no tiene sentido pagar por el paseo si no nos podemos bajar de la lancha. Aparte, ¿Por qué tengo que pagar para que me lleven a la otra isla si yo prefiero que me recojan en este mismo muelle?
– Eso que usted me pide NO ESTA PERMITIDO. El paseo llega al lado superior de la isla y sale del lado inferior. Desde ahora le informó que no tendrán manera de regresar a Copacabana si no se encuentran a las 3 en punto en el lado inferior de la isla.
– ¡Esto es una locura!
– Pues, o paga o aquí se queda arriba de la lancha. Y los otros 10 pesos extras los paga o camina 3 horas sobre las montañas a una altura de 4 mil pies sobre el nivel de mar.

Es como si nos callera encima un escupitajo. El hombre es un sínico descarado sin vergüenza que se atreve a robarnos en nuestras narices. El nota nuestra cara de descontento y nos dice.

– Miren, si les parece bien y si no pues caminarán porque aquí así son las reglas.

Cuando alguien te habla así, no te deja muchas opciones más que rendirte. El hombre no es racional y no habrá forma de que no le paguemos. La verdad es que ellos son oportunistas y personas sin iniciativa para hacer negocio.

No es caro, si hacemos la conversión de moneda nos damos cuenta que de hecho no es nada. Esa no es justificación para él o para nadie de andarle robando al turista. Es verdaderamente molesto que te quieran cobrar por todo y cuando digo todo se incluye caminar.

Al final le dimos el dinero y nos ahorramos un disgusto. Cuando regresamos a la lancha después de pasar un día en un lugar increíble, platicamos con otra pareja que no accedió a pagar los 10 pesos y no le fue nada bien. Ellos aseguran que les terminaron cobrando esos 10 pesos a lo largo de trayecto, ya que entre las colinas y montañas, existían personas fungiendo como casetas ambulantes que te van cobrando de peso en peso hasta que te sacan todo.

En realidad no entendemos que puedes hacer si te quedas sin cash a medio camino. Obviamente no aceptan tarjetas de ningún tipo, no hay cajeros entre la maleza y no se puede discutir con estas personas. Entiendo que quieran ganarse la vida, cosa que no es fácil ni aquí ni en ningún otro lugar, pero hay límites y hay formas de hacerlo. No es la cantidad es la forma en la que lo piden y las razones que recitan como merolicos que no son más que patrañas.

La belleza que se encierra en esa isla vale más de 40 pesos bolivianos, vale el viaje en lancha insoportable y sobre todo este pintoresco país vale la pena; aunque más de una vez al día te haga sentir de otro planeta. Ya les explicaré porque digo eso en nuestro próximo post, sólo les dejo un acertijo: ¿Cuánto se tarda alguien en cruzar el lago Titicaca?

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