Camino a Buenos Aires

Irse, desaparecer, reintegrarse… dejar todo lo que antes nos ató a una realidad poco nuestra; a una prefabricada por los parámetros de la moral y la dialéctica. Luchamos por convertirnos en seres libres, personas que comprenden la belleza del espíritu y que creen en las incógnitas interespaciales. No conformes con sólo nacer, con sólo crecer, con vivir una vida convencional llena de reglas y tenues barreras invisibles que nos impiden trascender.

Empacamos rápido las pocas cosas que llevaremos. Me cuesta separarme de mis posesiones materiales, de las mentiras que he ido acumulando con los años que no me llenaron de nada más que de insatisfacción. Me cuestiono acerca de mi naturaleza, un ser complejo que ha vivido en la abundancia y que a veces escapa de los deberes matutinos para desafiar las probabilidades.

Me detengo, mi parte humana encuentra sus miedos mientras empaco el resto de mis camisas. Estoy petrificada pensando en la intemperie, en agobios mundanos que nos ha inyectado una sociedad confusa y temerosa. Subo la mirada, encuentro esos ojos cariñosos y amorosos donde puedo ahogar mis penas… que se vayan lejos y desemboquen otro día en una tierra que necesite dueño, que necesite un trotamundos.

El silencioso acompañante ha sabido calmar las dudas que revolotean en mi mente, terminamos de empacar y nos vamos… nos vamos porque de lo contrario moriríamos, seríamos cobardes, seríamos lo opuesto a nuestra naturaleza. Andaremos con la mochila acuesta y con el corazón en la mano. Ya no tengo miedo a esa libertad prometida que vivo seduciendo y que ahora por fin dormirá conmigo en la misma cama. Nos vamos, pero no me despido porque nuestro camino apenas comienza, además de zapatos cómodos sólo llevo el sol tatuado en la frente y la emoción a flor de piel.

Con cariño para el nuevo comienzo

Con el sabor a nostalgia pegado en los labios, con ese sutil brillo  que dejan los abruptos finales, te dedico este último beso. Polvoreo mis mejillas de vivos carmines, de ayeres olvidados, de nuevos amaneceres para que en  el corazón se guarde sin rencor el pasado que nos ha marcado.

Acomodo mi cabello antes de salir frente al espejo, dejo que mi reflejo hable a los otros sobre quien he sido y que deje espacio para que encuentre la forma de ser quien en verdad desee. Escojo del armario el vestido que usaré, que sea blanco, que este lleno de luz; que no me avergüence de los errores cometido y que en su lugar los luzca como la joya que son sobre este lienzo que he de ir pintando.

Sacudo los cansados tacones que anduvieron junto a amantes pocos misericordiosos, tacones con los que he tropezado frente al amor junto a quien camino hoy, tacones que me han rescatado de la soledad y la apatía. No miro atrás antes de salir, las despedidas siempre llevan consigo su propia amargura porque a ser olvidados nadie nos enseña. No cargo con bolso ni nada que ocupe mis manos, el espacio entre mis dedos es sólo para aquellos que gusten acompañarme en mis andanzas. Será mejor que dentro de esta caja de zapatos se quede todo lo que no necesitaré cuando despierte mañana.

Camino en cuenta regresiva hacia adelante. Me despido de aquellos valientes que no vendrán conmigo; extiendo los brazos al aire para dar gracias por esta inmensa luna y abrazar los recuerdos que me queden de una adolescencia rebelde y una infancia incompleta. Las lágrimas que me sobren las regreso a la tierra donde puedan crecer otros robles que mueran de pie, otros sabios que nos hablen de tiempos eternos y otros artistas que sepan pintar con el alma.

Dejo que el presente entre glorioso por la puerta principal del salón, que todos aplaudan y gocen tener una nueva oportunidad. Que los solitarios encuentren el amor que les hace falta, que los que trabajen duró puedan proveer a sus familias, que quien haga el bien tenga certeza que el mundo será un lugar mucho mejor. Despidamos con la honra que se merece al año viejo; que en el salón desfilen las alegrías y las amarguras que con él llegaron. Envío un saludo caluroso a los amigos que no veré más y los lugares que no visitaré esta vez que tengo esperanza de conocer otros nuevos.

Levanten con gusto sus copas y brinden una última vez por el pasado, que con él se vaya todo y nos regale el presente para que esta vez sí vivamos como tantas veces nos hemos prometido.

Buenos Aires más no Buenas Noches…

Mientras la mayoría de ustedes se encuentra en la playa o descansando en casa para esperar el año nuevo, nosotros estamos un poco atareados buscando donde quedarnos en Buenos Aires.

Tenemos esperanza de que los dueños de las hosterias se apiaden de nosotros y que podamos recervar alguna cosa para no llegar a las carreras.

Nuestra primera opción es un hostal que se llama Osttinato. Lo que más nos gsuta de este, además del precio, es que tienen un calendario de actividades y convivios gratis durante la semana. Estamos ansiosos de que nos contesten y nos digan que habrá lugar los días que necesitamos.

Diego y yo querems aprender a bailar tango, espero que no muramos en el intento porque ninguno de los dos es muy rítmico que digamos. Y claro, lo que más me emociona es el asador en la azotea… si supieran como se han reído de este detalle mi madre y mi hermana… Ellas estan convencidas de que no podré ni prender este aparato cuaternario.

Les agradecería mucho que nos dejaran sugerencias o contactos si tienen conocidos, creo que toda información puede sernos muy útil. Ahorita no nos caería nada mal un guía de turistas o un buen lugar donde dormir, hay les encargamos sus reocmendaciones.

Besos

La lectura del camino

A escasos 8 días de iniciar el viaje, tuve la oportunidad de ser testigo de la magia que nos acoge a los mortales en estos tiempos violentos.

Con el pretexto de un intenso dolor de cabeza, fuimos recibidas en la casa de una poderosa hechicera; un ser de luz y oscuridad capaz de curar con el poder de seres extraordinarios que rondan entre nosotros los mortales.

Todo comenzó un día antes. Mi madre y yo caminábamos en la plaza en búsqueda del resto del equipo de campismo que faltaba. Estábamos a punto de regresar a casa cuando una mujer delante de nosotras con una carriola se volteó sorprendida y nos abrazó. Ella conocí a mi madre de tiempo atrás y reconoció su voz entre la multitud.

No tengo forma de explicarles mucho más, sólo queda decir que allí estábamos tocando a su puerta en la espera de respuestas, de sanación. Su casa era la única que conservaba el brillo y el cantar de las luces, cobijada por un gran árbol que cuida de las almas que allí habitan.

Nos ofreció de comer y beber como si fuéramos sus iguales, otros huéspedes  que el destino trajo a sus brazos. Callada y con la boca abierta, me senté junto a mi madre a ver junto con los ángeles como curaban con la energía del universo a un ser extraordinario.

Aquella alma, alguna vez enferma, renació en el trascurso de tres horas. Una mujer de hielo traída de las profundidades que su tierno semblante me pidió que no le tuviera miedo. Con aquel amor indiscutible, me sonrió porque yo temía al no tener el poder de comprender lo que ocurría.

Mientras a ella la curaban, yo sentía como el cuarto daba vueltas. Se me destaparon los oídos y me entraron unas náuseas tan fuertes, que pensé que me iba a desmayar. El dolor en mi pecho se fue y perdí el miedo al fracaso para poder abrazar mi destino; para andar por el camino que elegí, que es el de un verdadero trotamundos.

Esa reina del hielo, mujer de tres lunas, mujer de lo profundo del mar que salió del anonimato y ahora su manto me resguarda del frío y de las bestias que pueda encontrar en el camino que emprendo.

Cuando todo terminó, noté que había perdido la noción del tiempo y el espacio. La hechicera, mi madre, la nueva reina y yo cerramos con armonía nuestra hermandad. Cada quien tiene una misión y antes de irse a curar a otros, la reina plateada, me reveló el mío: escribir.

Pero eso no fue todo, ella sacó su manojo de cartas y me las leyó por primera vez. Me dio la espada con la que he de conquistar el mundo, siempre y cuando sea un ser de luz. En mi camino encontraré sólo las desventuras que yo me cree, si abrazo la amargura y el dolor el universo me condenará al llanto y al fracaso. Si maltrato a los que me aman, estaré usando mi poder para el mal.

Este viaje que estamos a punto de iniciar, lo empezaremos con el espíritu alegre y aventurero para celebrar la evolución de nuestro ser y nuestra arte.

Si ustedes nos permiten, compartiremos la magia de nuestra senda, la bondad de la tierra y los rostros de la verdad. Este viaje, ha sido bendecido por la mano de Dios y ahora no queda nada más que andar hacia adelante.

Miren lo que Santa nos trajo!!!!

Al parecer Santa se compadeció de nosotros y decidió traernos algunas cosas que consideró nos serán útiles:

  • Casa de campaña. Por fin tendremos casa de campaña!, ahora nada nos impedirá dormir juntos bajo las estrellas.
  • Termos para cafe. Los que me conocen bien saben que necesito mi buena dosis de cafeína para iniciar mi día.
  • Una bolsa cuida dinero y pasaporte. Cabe señalar que me la regalaron para que me la cuelgue al rededor del pescuezo y no pierda lo más importante. En el fondo mi madre no tiene miedo de los ladrones, ciertamente le aterra más la idea de que yo pueda perderles a medio camino.
  • Pijama de algodón. Ya saben, Santa no quiere que duerma encuerada y menos que me pillen en cueros los otros mirones del campamento.
  • Calcetines. Se que estarán pensando que eso que, pero la verdad es que nunca tengo… y menos que hagan juego.
  • Linternas. !Están geniales!, son de mineros… espero k esto haya sido sólo pork Santa no quiere que tenga problemas yendo al baño en la noche; ustedes saben que no es tan fácil mantener el equilibrio, bajarse el pantalón y sostener la linterna.

Feliz Navidad, ojala también Santa haya hecho sus sueños realidad!!!
Regalos!!!

Cat con botas!!

Como preparativo número 1, me llevaron a un chequeo general al hospital. Una hora después y varios cientos de pesos, mi madre y yo decidimos que no tenía nada y mejor nos fuimos a buscar cosas más útiles.

Buscamos por todas partes unos zapatos decentes para caminar, mi madre estaba preocupada de que se me fueran a deshacer los pies a media mochileada.

Tengo que confesar que soy una fiel creyente del destino, lo heredé de ella, y así como todo lo bello que me ha ocurrido en la vida encontré mis botas…
Verdes como deben ser esos paisajes que ansío por conocer, fuertes como mi espíritu, aventureras como esta exploradora y hasta con descuento, seguro tenían que ser mías.

Te gustaría ir al fin del mundo?

–          ¿Te gustaría ir de viaje a Sudamérica conmigo?
–          ¿Cuándo?
–          El año que entra…
–          Pero si para eso falta muy poco, ya estamos en noviembre.
–          Por eso. Deberíamos de ir.

Le sonreí. Él me miró fijamente con esos ojos amarillos que Dios le dio sin poder creer lo que le estaba diciendo. Sin tener más de dos meses de conocernos y sin saber que esperar el uno del otro, nos prometimos embarcarnos en un viaje sin fecha de retorno. Ambos con las pupilas dilatadas, con el sobresalto que siempre causan las nuevas emociones, ambos felices.

–          No te burles de mí, pero te juro que contigo iría hasta el fin del mundo.
–          Que bueno porque rumbo allá vamos.

Nos quedamos en la sala de su departamento en silencio. Yo me recosté en su hombro y me quedé meditabunda viendo el despejado paisaje; me gusta ver el tráfico de los tardíos atardeceres invernales.

Me fui. No sé que tanto me creyó o me hizo caso acerca del viaje; no lo culpo a él, normalmente la gente siempre te promete un montón de cosas. Desde que pronto te irán a comprar un helado de yogurt hasta que el fin de semana que entra te van a llevar a la playa. Tristemente ninguna de esas cosas jamás llega, sólo son más promesas vacías y palabras huecas.

Escasas dos semanas después, le llamé para darle la noticia: 2 boletos listos para despegar a las 2:45 pm el 3 de enero del 2011 con destino a Buenos Aires, Argentina. Me arrepentí de haberle dicho aquella tarde por teléfono, me hubiera gustado ver su reacción en persona. Él no tardó en llegar a casa y traerme flores. Nunca me habían abrazado de esa forma, me pidió verlos para que todo comenzara a ser real.

No más suposiciones, no más divagares, no más espera; todo es verdad y queremos compartir esta experiencia con ustedes. Ya estamos a escasos días de tomar el avión y aún quedan algunas cosas que planear, entre ellas los boletos de regreso. Apenas estamos buscando casa de campaña y viendo quien nos prestará las mochilas y los sleepings para acampar por las hermosas playas argentinas y chilenas.

Ya le prometí a Diego que no llevaré mil cambios ni 30 pares de zapatos; lo más importante es sólo llevar lo necesario. Cargaremos con la cámara aunque a él le da un poco de miedo que nos la roben y algo de dinero para comer algo en el camino.

Estamos emocionados de dormir a la intemperie y viajar a nuestro ritmo por un continente desconocido, en su mayoría, para ambos. Hemos armado la ruta que seguiremos en diversos camiones, trenes, a pie, o cualquier medio de transporte que pueda desplazarnos hacia nuestro próximo destino.

Somos nómadas, trotamundos, mochileros… la clase de viajero que no se incomoda por dormir en una cama de tabla o por ir al baño en un agujero. Atravesaremos playas, viñedos, bosques, desiertos, tundras… llegaremos al fin del mundo.