Caminito

No existe mejor lugar para los enamorados que el mundo, que las cosas cotidianas de la vida; pequeños pasos de colores que van decorando nuestro destino con sus matices.

Caminamos de la mano como si fuéramos extraterrestres que no conocen otra forma de vida en este planeta neandertal. Vamos descubriendo a los invisibles guardianes de las palabras, poetas anónimos que me han dejado pistas para encontrarlos. El Caminito es de colores vivos: rosa, azul, morado, sangre, sol, mostaza, corazón… el camino debe tener una razón para bailar tango y tomar pintas de 16 pesos argentinos.

Reímos de nuestras bromas locales, de lo simple. Andamos juntos tropezándonos con nuevas sorpresas y sabores: empanadas de carne, birras frías, un autoproclamado italiano que no sabe hablar ni una sola palabra de esa romántica lengua y lo peor, asegura que sabe bailar pero sólo es otro gran comediante de nuestros tiempos y por último, las carcajadas de otros espectadores que disfrutan más que nosotros el confrontamiento.

Habiendo comido y bebido a nuestras anchas, regresamos a San Telmo donde hemos pasado la tarde bajo unos frondosos árboles donde dejamos que la vida pase; dos locos, dos enamorados, dos artistas que en secreto desean que nunca llegue el último día, compartiendo un momento.

El empedrado no lastima más mis pies, sin querer he encontrado la forma para conquistarlo sin necesidad de dolores. La ciudad se ha vuelto un museo de antigüedades que no puedo comprar, pero que admiro dentro de la tienda y más tarde dibujo en mi pequeño cuarto de hostal para que no se me olvide su belleza.

Callejero por derecho propio

Buenos Aires: el romance, el París de américa, la casa del Boca… ¿Qué es Buenos Aires para esta humilde extranjera? Atrévanse a levantarme la voz quien crea que peco de incrédula o ingenua, la única culpa que cargo es la ignorancia y el único amor que tengo es el que ha sabido mostrarme las calles a través de su lente.

Me disculpo de ante mano por no saber de cortes, ni football, ni de tangos… Nosotros, hemos conocido un Buenos Aires irreverente, aguerrido, escandaloso. Un lugar sin tregua para los injustos, lleno de gritos silenciosos entre esquina y esquina que toman vida en los murales de aquellos huérfanos de la calle que la habitan.

Un día lluvioso, como estos que dicen suelen tener en enero, un día gris, con ese toque amargo que deja la basura en las calles y la cerveza quemada en los labios de un extraño; hemos decidido salir a pasear por las extensas calles de una ciudad en huelga. Debajo de un puente, junto con las ratas y un perro callejero, encontramos un rostro perdido, un loco, un callejero por derecho. Un ser que aún no se ha perdonado por los errores cometidos y ahora ronda las calles en busca del perdón que los vicios han transformado en depresiones abismales, que lo han hecho confundir lo real de lo incierto. Un hombre que ha elegido ser invisible, más sin embargo, canta. Antonio, “el Chivo” quien espera por extraños como nosotros para volver a existir, para regalarnos lo que queda de su alma extraviada.

Nos quedamos sentados junto a él y su amigo “Esquimal” bajo el puente admirando el memorial que han construido para 3 mil cuerpos que fueron enterrados por culpa de una construcción. Genocidio, es la razón que les darán nuestros nuevos amigos para esta masacre; un gobierno atacando a los que menos pueden para que se vayan de las calles. Ahora “El Chivo” y “Esquimal” velan de cerca el regreso de estos pobres infelices que van a venir a jalarle las patas a estos políticos de pocos escrúpulos.

Nosotros, dejamos que nos abracen y nos den su cariño, que nos canten rock de la calle y de sus corazones. No soy quien para juzgar sus rostros, se los dejo a ustedes para que miren sus ojos, para que encuentren la verdad de una ciudad resentida y esperanzada de tiempos mejores. Dejen que Antonio cante, que se aminore su pena, que se olvide de esa hija a quien confiesa ha abandonado… que sea su rostro quien les dé la bienvenida a este Buenos Aires… a uno real, a uno cínico y hasta siniestro.

Al alegre, al vivo, al nuestro.
el Chivito cantando
el esquimal
Antonio

¡Atención!: Turbulencias

Contexto: Diego y Amelia descansando felices en la sala Centurion Premier, quitados de la pena comiendo sándwiches de pavo y queso manchego. En eso, llega la mesera y amablemente inicia este diálogo.

–          Disculpe que los moleste, ¿A dónde viajan esta noche?

–          A Buenos Aires, Argentina. No se apure, nuestro vuelo sale a la media noche.

La mesera no deja de mirarnos de forma inquisitiva.

–          Ok. Pero sólo por asegurarme, ¿me permitirían sus pases de abordar un momento?

Diego poco desconfiado le pasa el boleto y me dice:

–          Hay Amor, que a gusto, ya son las 10:50, ¡Sólo falta una hora para irnos!

Justo después de eso llega la mesera sumamente agitada y casi sin poder hablar; de sólo verla nos asustamos.

–          ¡Señores! Es mejor que se vayan. Su vuelo sale en 20 minutos y ustedes tenía que estar en la sala de abordar hace 10 máximo.

–          ¡Pero como puede ser esto posible!

–          ¡Sí, dice en la pantalla de partidas! Apúrenle que están algo lejos, es la sala 58.

Está de más que comente que salimos como cristianos perseguidos por el mismísimo Satanás; con decirles que íbamos corriendo por el aeropuerto. De tan atarantados que estábamos no encontrábamos por donde irnos ni cómo llegar; juro que estaba lista para ponerme a llorar. Diego, como siempre, intentaba conservar la calma porque aquí sólo hay lugar para una histérica, que soy yo.

Por fin llegamos a la puerta que nos habían indicado ¡y ya no había absolutamente nadie! Fue en ese momento cuando Diego se desploma. Lo primero que pensé es que habíamos perdido el vuelo; eso nos pasa por andar en la baba. Justo cuando estoy pensando que le voy a decir a mi mamá, de la nada, un hombre con uniforme de la aerolínea nos gritó.

–          ¡Señores, sus nombres por favor!

–          Amelia Martínez y Diego Caballero

–          No cabe duda que son suertudos, hemos estado voceando sus nombres y nada; con decirles que el vuelo estaba a punto de irse… con todo y la puerta cerrada.

Queridos amigos, familiares, curiosos y demás… después de 9 horas de vuelo y asientos diminutos que destruyeron la columna de Diego, estamos en Buenos Aires gracias a que somos suertudos. Ciertamente, que irónica es la vida, que buenos deben ser nuestros ángeles de la guarda que para llegar al fin del mundo siempre se nuececita una ayudadita.

Camino a Buenos Aires

Irse, desaparecer, reintegrarse… dejar todo lo que antes nos ató a una realidad poco nuestra; a una prefabricada por los parámetros de la moral y la dialéctica. Luchamos por convertirnos en seres libres, personas que comprenden la belleza del espíritu y que creen en las incógnitas interespaciales. No conformes con sólo nacer, con sólo crecer, con vivir una vida convencional llena de reglas y tenues barreras invisibles que nos impiden trascender.

Empacamos rápido las pocas cosas que llevaremos. Me cuesta separarme de mis posesiones materiales, de las mentiras que he ido acumulando con los años que no me llenaron de nada más que de insatisfacción. Me cuestiono acerca de mi naturaleza, un ser complejo que ha vivido en la abundancia y que a veces escapa de los deberes matutinos para desafiar las probabilidades.

Me detengo, mi parte humana encuentra sus miedos mientras empaco el resto de mis camisas. Estoy petrificada pensando en la intemperie, en agobios mundanos que nos ha inyectado una sociedad confusa y temerosa. Subo la mirada, encuentro esos ojos cariñosos y amorosos donde puedo ahogar mis penas… que se vayan lejos y desemboquen otro día en una tierra que necesite dueño, que necesite un trotamundos.

El silencioso acompañante ha sabido calmar las dudas que revolotean en mi mente, terminamos de empacar y nos vamos… nos vamos porque de lo contrario moriríamos, seríamos cobardes, seríamos lo opuesto a nuestra naturaleza. Andaremos con la mochila acuesta y con el corazón en la mano. Ya no tengo miedo a esa libertad prometida que vivo seduciendo y que ahora por fin dormirá conmigo en la misma cama. Nos vamos, pero no me despido porque nuestro camino apenas comienza, además de zapatos cómodos sólo llevo el sol tatuado en la frente y la emoción a flor de piel.

Buenos Aires más no Buenas Noches…

Mientras la mayoría de ustedes se encuentra en la playa o descansando en casa para esperar el año nuevo, nosotros estamos un poco atareados buscando donde quedarnos en Buenos Aires.

Tenemos esperanza de que los dueños de las hosterias se apiaden de nosotros y que podamos recervar alguna cosa para no llegar a las carreras.

Nuestra primera opción es un hostal que se llama Osttinato. Lo que más nos gsuta de este, además del precio, es que tienen un calendario de actividades y convivios gratis durante la semana. Estamos ansiosos de que nos contesten y nos digan que habrá lugar los días que necesitamos.

Diego y yo querems aprender a bailar tango, espero que no muramos en el intento porque ninguno de los dos es muy rítmico que digamos. Y claro, lo que más me emociona es el asador en la azotea… si supieran como se han reído de este detalle mi madre y mi hermana… Ellas estan convencidas de que no podré ni prender este aparato cuaternario.

Les agradecería mucho que nos dejaran sugerencias o contactos si tienen conocidos, creo que toda información puede sernos muy útil. Ahorita no nos caería nada mal un guía de turistas o un buen lugar donde dormir, hay les encargamos sus reocmendaciones.

Besos