Iguazú

Golondrinas extendiendo sus alas para brincar del infinito precipicio que no encuentra rumbo y mejor muere. Arcoíris que acarician su plumaje líquido con el tierno toque del sol, su cristalina mirada no deja lugar para las sombras y lo que ellas ocultan. Su sutil cantar se expande de forma inminente por el resto de la selva y ya no son lo que parecen, porque en realidad nunca fueron golondrinas.

Silbidos y gritos de desesperación aturden mis oídos aún jóvenes para esta vida silvestre; si supiera como abandonar mi cuerpo y saltar encontraría la libertad en medio de mi locura. Olvido las palabras y me pierdo entre sus brazos; nuestra piel comienza a mutar… un día más y nos convertiremos en reptiles.

En medio del seno de la creación, en un lugar capaz de engendrar vida, por fin tengo sentido. Encuentro a la única Eva corriendo por las aguas del Amazonas en busca de su Adán que por culpa de su previo destierro, descansa bajo las palmas del Plata. Se hacen el amor de la forma más pasional, más terrenal; tan estruendosa que escucho como aúllan los espíritus del bosque para celebrar la nueva vida.

No soy más el enemigo, he emancipado mi alma que ahora corre lejos de mí; vuela entre las golondrinas y luego se desintegra en millones de prismas. Soy hija de Dios, de mi madre, de la madre tierra… de una costilla antes que nada, de agua, de polvo, de carne.

Vuelen golondrinas, sigan cayendo del cielo, que el recelo no las detenga; mojen mi rostro que tendré los ojos cerrados cuando desaparezcan…



Colón

Es la media noche y los niños aún no se duermen, el pueblo tiene vida después de haber permanecido fantasma toda la tarde. La música inicia y los aplausos aclaman el circo, ya no los detengan dejen que todas las criaturas se acerquen.

Que vuelen por los cielos los trapecistas, que se rían de los payasos que más que bromas hablan de amarguras e ironías… a este circo callejero le enorgullece ser del pueblo y para él. Que los aros den vueltas y que las antorchas no se apaguen como la esperanza de hacer un par de pesos que les den de comer el día de hoy. Que nosotros olvidemos nuestra realidad y alimentemos un poco el alma que falta ya le hace. Viva el circo, que él no tiene la culpa de mi mala fortuna…

Antes de llegar a Colón tengo que admitir que veníamos un tanto damnificados. El pobre de Diego con severas quemaduras que no lo dejaban ni caminar o cargar la mochila y para acabarla yo que no soy muy hábil cuidando las cosas. Encontramos donde pasar la noche de milagro, tengo que admitir que bastante mejor de lo que esperaba, al menos con aire acondicionado para que a mi querido se le curara un poco la herida.

No vimos la luz del sol durante el día, nos ocultamos como vampiros debajo de las cortinas por temor a que nos encontrara y tatemara lo poco que no hizo el pasado domingo. Llega la tarde y con ella el hambre, las ganas de salir a ver un lugar nuevo. No les miento cuando les digo que ni el super estaba abierto, encontrar una rebanada de jamón es tan imposible como toparse con un baúl lleno de dinero afuera de la casa a las 3 de la tarde. El pueblo es tenebroso y solitario, el río sigue triste gritando las mismas cosas que el otro lado; para que dividir los aplausos, cuando ya existen malditos para separarnos.

La desesperación que causa la sed y el hambre, dos necesidad tan básicas como el simple respirar, me hacen arrastrar los pies como si fuera una derrota… maldita siesta que no dormí, ahora me aguanto…

Nos pegamos a la costera, ahora llueve en la espera de ese sol que no quisimos, el sol que de todas formas no nos odia y nos da un regalo para que ya no lloriqueen en vano. El arcoíris sale sólo para nosotros que no hay más viajeros en nuestro camino, descansa en el horizonte para delinear nuestro mundo con otros colores. Me cae pesada la broma, porque siempre hubiera sido mejor un poco de pan, pero pienso en todos aquellos que aún intentan llegar a encontrar la olla con las monedas de oro que yo ya sostengo dentro de mis manos. Ya no me quejo, mejor me rio de las pequeñas desventuras…

El espectáculo está por iniciar. Estamos sentados en el piso ansiosos como si nunca antes hubiéramos visto un circo. Aplaudo y grito llena de emoción, Diego no siente más ardor, los malabares comienzan… me da gusto saber que también otros encontraron algunas monedas de oro mientras salía el sol.

El circo!

Gualeguaychú, Entre Ríos

Somos el sonido de la selva que aúlla afuera de esta casa de campaña, la herida a carne viva en medio de la cara de esta bella mujer conocida como Naturaleza. Exploradores de nacimiento y curiosos de profesión; animales al fin, junto a los grillos y otras criaturas que aúllan en la intemperie bajo un puñado de estrellas.

Acampamos en medio de la nada en un lugar que se llama Fiorini, adentro de la maleza a un costado del río que divide dos patrias; Uruguay y Argentina. Este extenso río corre por su vida y refugia lo que le queda de la última falda de su manto acuoso. Los sabios del pueblo dicen que este, antes un caudaloso río, se va quedando sin fuerzas ni lugar para escapar. El hombre que no respeta lo que Dios hizo, es el culpable de este lento asesinato del que nadie quiere hacerse responsable.

Los dedos apuntan hacia el monstruoso culpable: Botnia, una papelera uruguaya. La papelera del infierno ya no deja nadar a los peces, el agua se estanca y el progreso se torna un sueño que estas lejanas tierras no conocerán, así como tampoco los niños del futuro que ya no sabrán donde está la línea que los separa. Humanos llenos de ira, de rencor, de inconformidades… humanos que ya no saben ser libres porque el fresco olor de las madrugadas ha desaparecido y ahora sólo lo venden en aromáticos aerosoles.

No podemos creer como hemos decido acabarnos el mundo, descuartizar todo lo que queda a nuestro paso para que la civilización prevalezca. Pagaremos el precio de esta inconciencia en unos años, por lo pronto corremos entre la grama y las flores silvestres, jugamos a tener de nuevo seis años para ver lo que aún merece importancia.

Somos los únicos forasteros que rondan este camping, los únicos que han visto en años. El Flaco se ha encargado de que no pasemos hambres, ni incomodidades, en este lugar que es parecido al cielo no necesitamos nada.

Los días transcurren en medio de una tranquilidad absoluta, nos hemos ido desintegreando para ser de nuevo polvo. Bailamos entre risas y canticos en medio del carnaval, antifaces, plumas, máscaras… que se manche lo natural, pero que eso no entorpezca la alegría. Vemos de nuevo la luna y mutamos en hombres lobo, dejamos nuestra vieja piel sobre las rocas del río y conjuramos el presente para que la magia prevalezca sobre esta masacre.

Nos vamos porque a nuestro camino le falta mucho para llegar al fin del mundo. Me despido con un beso al aire de nuestros nuevos amigos, más animales que humanos retomamos el camino. Queremos recordar nuestro primer campamento juntos con minucioso detalle antes que la mano del hombre llegue a la selva y aniquile todo por lo que vale la pena vivir un nuevo día.
Amelia cuidando el campamento

Caminito

No existe mejor lugar para los enamorados que el mundo, que las cosas cotidianas de la vida; pequeños pasos de colores que van decorando nuestro destino con sus matices.

Caminamos de la mano como si fuéramos extraterrestres que no conocen otra forma de vida en este planeta neandertal. Vamos descubriendo a los invisibles guardianes de las palabras, poetas anónimos que me han dejado pistas para encontrarlos. El Caminito es de colores vivos: rosa, azul, morado, sangre, sol, mostaza, corazón… el camino debe tener una razón para bailar tango y tomar pintas de 16 pesos argentinos.

Reímos de nuestras bromas locales, de lo simple. Andamos juntos tropezándonos con nuevas sorpresas y sabores: empanadas de carne, birras frías, un autoproclamado italiano que no sabe hablar ni una sola palabra de esa romántica lengua y lo peor, asegura que sabe bailar pero sólo es otro gran comediante de nuestros tiempos y por último, las carcajadas de otros espectadores que disfrutan más que nosotros el confrontamiento.

Habiendo comido y bebido a nuestras anchas, regresamos a San Telmo donde hemos pasado la tarde bajo unos frondosos árboles donde dejamos que la vida pase; dos locos, dos enamorados, dos artistas que en secreto desean que nunca llegue el último día, compartiendo un momento.

El empedrado no lastima más mis pies, sin querer he encontrado la forma para conquistarlo sin necesidad de dolores. La ciudad se ha vuelto un museo de antigüedades que no puedo comprar, pero que admiro dentro de la tienda y más tarde dibujo en mi pequeño cuarto de hostal para que no se me olvide su belleza.

¡Atención!: Turbulencias

Contexto: Diego y Amelia descansando felices en la sala Centurion Premier, quitados de la pena comiendo sándwiches de pavo y queso manchego. En eso, llega la mesera y amablemente inicia este diálogo.

–          Disculpe que los moleste, ¿A dónde viajan esta noche?

–          A Buenos Aires, Argentina. No se apure, nuestro vuelo sale a la media noche.

La mesera no deja de mirarnos de forma inquisitiva.

–          Ok. Pero sólo por asegurarme, ¿me permitirían sus pases de abordar un momento?

Diego poco desconfiado le pasa el boleto y me dice:

–          Hay Amor, que a gusto, ya son las 10:50, ¡Sólo falta una hora para irnos!

Justo después de eso llega la mesera sumamente agitada y casi sin poder hablar; de sólo verla nos asustamos.

–          ¡Señores! Es mejor que se vayan. Su vuelo sale en 20 minutos y ustedes tenía que estar en la sala de abordar hace 10 máximo.

–          ¡Pero como puede ser esto posible!

–          ¡Sí, dice en la pantalla de partidas! Apúrenle que están algo lejos, es la sala 58.

Está de más que comente que salimos como cristianos perseguidos por el mismísimo Satanás; con decirles que íbamos corriendo por el aeropuerto. De tan atarantados que estábamos no encontrábamos por donde irnos ni cómo llegar; juro que estaba lista para ponerme a llorar. Diego, como siempre, intentaba conservar la calma porque aquí sólo hay lugar para una histérica, que soy yo.

Por fin llegamos a la puerta que nos habían indicado ¡y ya no había absolutamente nadie! Fue en ese momento cuando Diego se desploma. Lo primero que pensé es que habíamos perdido el vuelo; eso nos pasa por andar en la baba. Justo cuando estoy pensando que le voy a decir a mi mamá, de la nada, un hombre con uniforme de la aerolínea nos gritó.

–          ¡Señores, sus nombres por favor!

–          Amelia Martínez y Diego Caballero

–          No cabe duda que son suertudos, hemos estado voceando sus nombres y nada; con decirles que el vuelo estaba a punto de irse… con todo y la puerta cerrada.

Queridos amigos, familiares, curiosos y demás… después de 9 horas de vuelo y asientos diminutos que destruyeron la columna de Diego, estamos en Buenos Aires gracias a que somos suertudos. Ciertamente, que irónica es la vida, que buenos deben ser nuestros ángeles de la guarda que para llegar al fin del mundo siempre se nuececita una ayudadita.

Camino a Buenos Aires

Irse, desaparecer, reintegrarse… dejar todo lo que antes nos ató a una realidad poco nuestra; a una prefabricada por los parámetros de la moral y la dialéctica. Luchamos por convertirnos en seres libres, personas que comprenden la belleza del espíritu y que creen en las incógnitas interespaciales. No conformes con sólo nacer, con sólo crecer, con vivir una vida convencional llena de reglas y tenues barreras invisibles que nos impiden trascender.

Empacamos rápido las pocas cosas que llevaremos. Me cuesta separarme de mis posesiones materiales, de las mentiras que he ido acumulando con los años que no me llenaron de nada más que de insatisfacción. Me cuestiono acerca de mi naturaleza, un ser complejo que ha vivido en la abundancia y que a veces escapa de los deberes matutinos para desafiar las probabilidades.

Me detengo, mi parte humana encuentra sus miedos mientras empaco el resto de mis camisas. Estoy petrificada pensando en la intemperie, en agobios mundanos que nos ha inyectado una sociedad confusa y temerosa. Subo la mirada, encuentro esos ojos cariñosos y amorosos donde puedo ahogar mis penas… que se vayan lejos y desemboquen otro día en una tierra que necesite dueño, que necesite un trotamundos.

El silencioso acompañante ha sabido calmar las dudas que revolotean en mi mente, terminamos de empacar y nos vamos… nos vamos porque de lo contrario moriríamos, seríamos cobardes, seríamos lo opuesto a nuestra naturaleza. Andaremos con la mochila acuesta y con el corazón en la mano. Ya no tengo miedo a esa libertad prometida que vivo seduciendo y que ahora por fin dormirá conmigo en la misma cama. Nos vamos, pero no me despido porque nuestro camino apenas comienza, además de zapatos cómodos sólo llevo el sol tatuado en la frente y la emoción a flor de piel.

Con cariño para el nuevo comienzo

Con el sabor a nostalgia pegado en los labios, con ese sutil brillo  que dejan los abruptos finales, te dedico este último beso. Polvoreo mis mejillas de vivos carmines, de ayeres olvidados, de nuevos amaneceres para que en  el corazón se guarde sin rencor el pasado que nos ha marcado.

Acomodo mi cabello antes de salir frente al espejo, dejo que mi reflejo hable a los otros sobre quien he sido y que deje espacio para que encuentre la forma de ser quien en verdad desee. Escojo del armario el vestido que usaré, que sea blanco, que este lleno de luz; que no me avergüence de los errores cometido y que en su lugar los luzca como la joya que son sobre este lienzo que he de ir pintando.

Sacudo los cansados tacones que anduvieron junto a amantes pocos misericordiosos, tacones con los que he tropezado frente al amor junto a quien camino hoy, tacones que me han rescatado de la soledad y la apatía. No miro atrás antes de salir, las despedidas siempre llevan consigo su propia amargura porque a ser olvidados nadie nos enseña. No cargo con bolso ni nada que ocupe mis manos, el espacio entre mis dedos es sólo para aquellos que gusten acompañarme en mis andanzas. Será mejor que dentro de esta caja de zapatos se quede todo lo que no necesitaré cuando despierte mañana.

Camino en cuenta regresiva hacia adelante. Me despido de aquellos valientes que no vendrán conmigo; extiendo los brazos al aire para dar gracias por esta inmensa luna y abrazar los recuerdos que me queden de una adolescencia rebelde y una infancia incompleta. Las lágrimas que me sobren las regreso a la tierra donde puedan crecer otros robles que mueran de pie, otros sabios que nos hablen de tiempos eternos y otros artistas que sepan pintar con el alma.

Dejo que el presente entre glorioso por la puerta principal del salón, que todos aplaudan y gocen tener una nueva oportunidad. Que los solitarios encuentren el amor que les hace falta, que los que trabajen duró puedan proveer a sus familias, que quien haga el bien tenga certeza que el mundo será un lugar mucho mejor. Despidamos con la honra que se merece al año viejo; que en el salón desfilen las alegrías y las amarguras que con él llegaron. Envío un saludo caluroso a los amigos que no veré más y los lugares que no visitaré esta vez que tengo esperanza de conocer otros nuevos.

Levanten con gusto sus copas y brinden una última vez por el pasado, que con él se vaya todo y nos regale el presente para que esta vez sí vivamos como tantas veces nos hemos prometido.

Buenos Aires más no Buenas Noches…

Mientras la mayoría de ustedes se encuentra en la playa o descansando en casa para esperar el año nuevo, nosotros estamos un poco atareados buscando donde quedarnos en Buenos Aires.

Tenemos esperanza de que los dueños de las hosterias se apiaden de nosotros y que podamos recervar alguna cosa para no llegar a las carreras.

Nuestra primera opción es un hostal que se llama Osttinato. Lo que más nos gsuta de este, además del precio, es que tienen un calendario de actividades y convivios gratis durante la semana. Estamos ansiosos de que nos contesten y nos digan que habrá lugar los días que necesitamos.

Diego y yo querems aprender a bailar tango, espero que no muramos en el intento porque ninguno de los dos es muy rítmico que digamos. Y claro, lo que más me emociona es el asador en la azotea… si supieran como se han reído de este detalle mi madre y mi hermana… Ellas estan convencidas de que no podré ni prender este aparato cuaternario.

Les agradecería mucho que nos dejaran sugerencias o contactos si tienen conocidos, creo que toda información puede sernos muy útil. Ahorita no nos caería nada mal un guía de turistas o un buen lugar donde dormir, hay les encargamos sus reocmendaciones.

Besos

Miren lo que Santa nos trajo!!!!

Al parecer Santa se compadeció de nosotros y decidió traernos algunas cosas que consideró nos serán útiles:

  • Casa de campaña. Por fin tendremos casa de campaña!, ahora nada nos impedirá dormir juntos bajo las estrellas.
  • Termos para cafe. Los que me conocen bien saben que necesito mi buena dosis de cafeína para iniciar mi día.
  • Una bolsa cuida dinero y pasaporte. Cabe señalar que me la regalaron para que me la cuelgue al rededor del pescuezo y no pierda lo más importante. En el fondo mi madre no tiene miedo de los ladrones, ciertamente le aterra más la idea de que yo pueda perderles a medio camino.
  • Pijama de algodón. Ya saben, Santa no quiere que duerma encuerada y menos que me pillen en cueros los otros mirones del campamento.
  • Calcetines. Se que estarán pensando que eso que, pero la verdad es que nunca tengo… y menos que hagan juego.
  • Linternas. !Están geniales!, son de mineros… espero k esto haya sido sólo pork Santa no quiere que tenga problemas yendo al baño en la noche; ustedes saben que no es tan fácil mantener el equilibrio, bajarse el pantalón y sostener la linterna.

Feliz Navidad, ojala también Santa haya hecho sus sueños realidad!!!
Regalos!!!

Cat con botas!!

Como preparativo número 1, me llevaron a un chequeo general al hospital. Una hora después y varios cientos de pesos, mi madre y yo decidimos que no tenía nada y mejor nos fuimos a buscar cosas más útiles.

Buscamos por todas partes unos zapatos decentes para caminar, mi madre estaba preocupada de que se me fueran a deshacer los pies a media mochileada.

Tengo que confesar que soy una fiel creyente del destino, lo heredé de ella, y así como todo lo bello que me ha ocurrido en la vida encontré mis botas…
Verdes como deben ser esos paisajes que ansío por conocer, fuertes como mi espíritu, aventureras como esta exploradora y hasta con descuento, seguro tenían que ser mías.